El capítulo de Zeus

© 2000 por Torquemada

Traducción al español por Verena y Natharell


"Timos del Siglo XX"

está orgulloso de presentar:

"Hades no es suficiente" o "Seiya nunca muere"

(El guión del Capítulo de Zeus, perfecto para que los animadores de Toei lo eviten de cualquier forma).

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Capítulo 3

¡Bronzies a casa! ¿Casa, qué casa?


Plop-plop-plop-plop, plop, plop... plop... plop... plop... hisss.

"Nueve..." Ikki siguió melancolicamnete con los ojos la piedra que se fundió en la lava, y buscó una nueva.

El Santo del Fénix estaba extremadamente aburrido. la meditación en el volcán parecía tediosa cuando no había nadie que lo sodomizara (NdT: no me preguntéis, ponía esto ^^U) y pidiera ayuda cada cinco minutos. Incitar a los isleños a luchar no era solución, tampoco. No es divertido pelear cuando no te han hecho papilla al principio y no puedes demostrar que eso fue una molestia sin importancia, mientras alcanzas la gloriosa victoria.

Había visitado los Doce Templos en Grecia, aunque no quedaban allí Santos Dorados, y por lo tanto nadie pudo ponerse en su camino, insultarle, nadie quiso martarle, quitarle cualesquiera sentidos o patearle hacia dimensiones extrañas. Perdió algo de tiempo allí, de todos modos, en los baños del Patriarca y visitando el templo de Shaka. Las decoraciones en los muros, a las que apenas había vislumbrado en su previa visita, lo dejaron atónito, especialmente las de las habitaciones privadas de Shaka. Ikki dibujó bigotes y gafas en algunas de las figuras y dejó sus opiniones debajo de algunas de las poses más interesantes, por primera vez lamentando que Shaka no estuviera allí y pudiera aprobar su trabajo.

Eso terminado, volvió su volcán, y pasó dos días enteros allí hasta que se aburrió de nuevo.

"¡Al Infierno con todo!" Ikki gruñó, esparciendo un montón de piedras planas. "Parece que es hora de hacer una visita al viejo calzonazos Kido y mi dulce hermano pequeño. Me muero por una comida decente, y mi cocinera es un cero en esto de cocinar." La cocinera de Ikki era él mismo. Así que empacó sus cuatro cosas y se fue a Japón.

Alcanzó la mansión Kido al mediodía. El sol brillaba radiante, pájaros cantaban contentos en los árboles - hasta que la piedra arrojada por Ikki les ahuyentó - y la puerta estaba cerrada.

Ikki toqueteó la manilla muchas veces, pero la cosa se negaba a girar. Presionar como un loco el timbre tampoco dio resultados.

"Me pregunto dónde estarán los muy tontos del culo. Incluso el calvorota asqueroso no está." Murmuró Ikki.

La puerta cerrada no es que fuera un obstáculo para Ikki, pero tenía el suficiente sentido común como para no irrumpir a través de la puerta principal.

"Soy un tipo sencillo, la puerta trasera me ira de perlas... " Ikki silbaba quedamente en su camino hacia dicha puerta. De repente, la sensación de un par de cosmos conocidos le golpeó. Extinguiendo rápidamente el suyo propio, uno nunca es demasiado cauteloso, se paró ante la puerta, a la escucha.

Su oído captó un par de voces susurrando. Un susurro, especialmente cuando trata de no ser escuchado y al mismo tiempo suena increíblemente alto, es siempre una cosa muy sospechosa, merecedora de una investigación. Y la conversación en si misma era ya lo suficientemente interesante, además.

"¿Estás seguro de que nadie puede vernos?" El preocupado murmullo pertenecía a Shun, el hermano pequeño de Ikki.

"No estoy seguro al 100%, ¿cómo podría? Aún así, es bastante seguro y además merece a pena el riesgo, de todos modos. ¿O has cambiado de opinión?" El susurro calmado era de Hyoga.

"¡No, nada de eso! Pero..." Shun suspiró, "Me siento un poco..."

"¿Asustado?" se burló Hyoga.

"¡No! ¡Deja de tomarme el pelo, Hyoga! Sólo es que nunca lo he hecho antes, así que estoy un poco nervioso. Sólo eso."

"Siempre hay una primera vez, Shun. Y no te hará daño, lo prometo."

"Bueno, bueno... pero.. ¿y si nos atrapan"

"Entonces deberíamos fingir que estamos haciendo otra cosa".

"¿Otra cosa? ¿En una situación tan obvia?"

"¡Por Dios, Shun, deja de gimotear, por favor! ¿No puedes arriesgarte por una vez en tu vida? Pero si quieres estar fuera de este asunto, sólo di una palabra. No es como si me fuera la vida en esto."

"¡No, no quiero eso! Pero..."

"No más 'peros', Shun. O lo hacemos o no lo hacemos."

Un profundo suspiro de rendición por parte de Shun.

"Muy bien, entonces empecemos de inmediato. Sácalo, Hyoga."

Una pausa, el roce de unas ropas y un sonoro murmullo lleno de decepción de Shun.

"Baahh...Pensé que era mayor."

"El tamaño no importa. El rendimiento sí."

"Tu eres el que sabe. ¿Y ahora?"

"Ahora te callas y me dejas prepararme."

Más murmullos de cuerpos moviéndose. Y otra vez el susurro de Shun, que no era capaz de estar callado cuando estaba excitado más de 30 segundos.

"¿Hyoga? ¿Dónde aprendiste esto?"

"¿Esto? Oh, mi maestro Camus me enseñó... junto con otras cosas muy necesarias."

"¿Quién lo hubiera imaginado? No tiene pinta de poder... "

"¿Por qué no? El 'Cubito de Hielo' es sólo una apariencia. Por dentro, es tan humano como cualquiera de nosotros." le cortó Hyoga.

Otra pausa.

"¿Está dentro, Hyoga?"

"¡Rayos! ¡Deja de distraerme! ¿No lo ves tú mismo?"

"No. Estás en medio."

"Está dentro. Ahora hay que actuar con cuidado y mimo; no queremos dañar nada, ¿verdad?"

"¿Hyoga?"

"Oh, no...¿qué pasa ahora?"

"Por favor, ¿puedes sacarlo? Quiero intentar manejarlo yo solo."

"Shun, ¿te has vuelto loco? ¿Ahora que me había puesto cómodo y quieres que arruine todo lo que he conseguido? ¡Olvídalo!

"Hyoga, ¿por favor...?"

"¿En nombre de qué, puedes explicarme?"

"Bueno... yo pensé... pensé que tal vez.... ¿y si necesito hacerlo algún día yo sólo?"

"¿Tú sólo, tú? ¡¿*TÚ*?! Shun, ¿quieres matarme de risa?"

"¡Sí, yo! ¿Qué pasa?" Shun parecía muy ofendido por la histérica risa tona de Hyoga. "¡No soy tan inocente como tu crees, Hyoga!"

"Sí, claro..." Hyoga recuperó su autocontrol. "De cualquier modo, has conseguido tu propósito de distraerme. Está fuera, ¿Ok? Ahora, mira y aprende."

"¿Hyoga?"

"¿...sí?"

"¿Puedo cogerlo?"

"¡¿Uh?!¡Pero si no sabes cómo utilizarlo!"

"Tu me guiarás y me dirás si lo estoy haciendo bien! Hyoga, porfa porfa porfa..."

"Oh, no..."

"Pero por favor..."

Los ruegos de Shun eran capaces de transformar un tigre en un vegetariano fanático; Hyoga no era tan difícil.

"Ok... supongo que podemos intentarlo una vez."

"¡GRACIAS!"

"No hay de qué, ya me estoy arrepintiendo. Da igual, comencemos. Cógelo... no, no de esa forma. Así, correcto. Dirígelo al agujero.. exacto. Ahora, empújalo.. ¡Hey, no tan rápido! Debes hacerlo lenta y cuidadosamente.

"Lo siento..."

"Te perdono por ser la primera vez. Sólo recuerda que no le agrada un tratamiento brusco. ¿Y cómo va?"

"¡Nada complicado por ahora! ¡Mira, lo he logrado, lo he logrado yo solo!" La voz de Shun se oía emocionada y un poco orgullosa.

"Comparto tu alegría, Shun, pero no es momento de relajarse. Sólo es el principio. Ahora muévelo hacia delante... ¡Hey, dije con cuidado! ¡No es un martillo de mano! Ahora balancéalo hacia los lados un poco, para que encaje bien del todo. Ahora, un poco hacia atrás... gíralo un poco... adelante de nuevo... sí... ¡no! No, no, ¡no lo golpees! ¡No lo gopees!"

"Ouch!..."

"¡¿Qué?! ¡Shun, lo has roto, maldita sea! Y era el único que tenía, ¿y ahora qué? Oh, Shun... "

* * *

La imagen formada pro la imaginación de Ikki era lo suficientemente horrible como para que se sacudiera el entumecimiento causado por tan horrible conversación. Con un rugido, se lanzó tras la esquina.

La imagen real era más inesperada que la imaginaria.

Hyoga y Shun, agachados (de forma que daban a Ikki ciertas partes del cuerpo de una manera totalmente irrespetuosa), se encontraban pasmados ante la cerradura de la puerta trasera.

"¡Ah!" La repentína aparición de Ikki hizo que Shun brincara dos metros en el aire. Hyoga, menso impresionable, se contentó con medio metro.

"¡Niisan!" Su temor se transformó en alegría infinita, como siempre pasaba con Shun. "¡Has venido a ayudarme de nuevo! ¡Como siempre, justo cundo te necesito!"

"¿Ayudarte en qué? ¿Qué es lo que estáis haciendo vosotros dos aquí?" preguntó sombríamente Ikki.

Shun se sonrrojó.

"Bueno, nosotros, este... se que está mal, niisan, pero..."

"Intentábamos abrir la puerta, hasta que tu hermanito pequeño rompió la ganzúa en la cerradura" dijo fríamente Hyoga. "Y buenas tardes para ti también, Ikki."

"Espera, espera... hay algo que no entiendo. ¿Por qué demonios estáis tratando de introduciros en vuestra propia casa?"

"Ya ves, Ikki, no es nuestra casa más," dijo Shun tristemente. "Cuando Saori empezó a salir con Poseidón..."

"¡¿Qué?!"

"¿No lo sabías? Hace muchas semanas que es imposible separarles. Como si les hubieran pegado con cola." explicó Hyoga.

"No obstante, Posey demandó que nosotros, los Santos de Bronce, teníamos que marchar, Saori no tiró." continuó Shun. "Shiryu fue a Rozan, así que supongo que continúa allí ahora, su Sensei se ha ido y sólo queda Shunrey..."

Ikki sabía perfectamente qué se podía hacer cuando había una bonita y obsquiosa Shunrey y no había viejo champiñón para vigilar, pero no dijo nada. No era el momento de enseñar a Shun ciertos aspectos de la realidad, todavía.

"...June dijo que tenía un sitio donde ir y se marchó sola, y Jabu y co. se fueron al orfanato todos juntos. Nosotros nos retrasamos, y cuando llegamos los inquilinos dijeron '¡No más tiempo esa gente horrible allí!' así que hemos sido puestos literalmente en la calle. Y recodé que había dejado algunas cosas en la mansión, pero Tatsumi no nos dejó entrar. Así que Hyoga pensó en este plan..." terminó amargamente Shun.

"¿Ella os ha tirado, después de las veces que la hemos salvado el culo? ¡No puedo creerlo! Siquiera Seiya estuviera aquí..."

"Si Seiya estuviera aquí, le hubieran echado junto con nosotros. Deberías ver que ojos pone Saori cuando mira a su querido hombre pez " Hyoga rezongó.

"¡Lo veré, puedes estar seguro! ¿Quién se cree ella que es, a todo esto?"

"La diosa, Ikki. Y su precioso amante es un dios. ¿De verdad quieres enfrentarte a dos dioses juntos, Ikki? me temo que, si te les encontraras, te iría bien si sólo te pasaras el resto de la vida comiendo moscas y diciendo 'croack croack'."

Las razonables palabras de Hyoga tranquilizaron un poco a Ikki, pero éste no quiso renunciar.

"¡Pero no podemos dejar las cosas de Shun a esos capullos! ¡Tenemos nuestros derechos!"

"Tal vez, pero ¿cómo vamos a entrar? Si rompemos una ventana, puedes estar seguro que Saori no pillará y entonces... ¿tienes dinero suficiente, Ikki? Eso o la cárcel para nosotros."

Ikki miró pensativamente la casa. Había una chimenea en el tejado.

"Shun, llama a tu armadura. Creo que las cadenas podrían ayudar"

* * *

"Está jodidamente oscuro aquí..."

"¿Y qué esperabas de un chimenea, eh?"

"¡Ho ho ho, niños! ¡Santa ha venido a veros!"

"Muy gracioso, Ikki."

Plop, plop. Plop.

"Ouch!"

"¿Qué fue eso, Hyoga?"

"El adorno de tu yelmo se me clavó en el... no importa. Salgamos de aquí."

"¡Achúúú! Menos mal que el fuego estaba apagado, ¿no creéis?"

Tres figuras salieron del hogar

Ikki se detuvo, mirando alrededor y su corazón se paralizó con un horror completo que creía haber olvidado hacía tiempo.

"¡No! ¡Eso no, por favor! ¡Los Santos Negros, han vuelto! ¡Han vuelto por mí!"

"Ikki..."

"¡No, esta vez no me atraparéis! ¡Nunca más! ¡Jamás!"

"¿Ikki...?"

"¡Keeeeee-yaaaaaah!" El grito de guerra de Ikki fue seguido del tintineante sonido de cristales rotos.

"Eso quería decirte," Hyoga suspiró cansínamente "Hay.. había un espejo en el pasillo."

"Oh..."

* * *

En esta situación pareció natural que el sonido de unas llaves resonando en la puerta principal pasara inadvertido, y cuando la puerta se abrió de repente, los tres desafortunados amigos sólo pudieron quedarse quietos y parpadear confusamente ante la luz.

"¡Que demonios está pasando aquí?" Saori Kido, o la Diosa Atenea de la Guerra y la Sabiduría, se encontraba en el umbral. Su postura podría haberse descrito como 'el más bravo toro de la corrida' y presentaba un máximo de Guerra, pero un mínimo de Sabiduría.

"¡Saori-sama, por favor, perdónanos por eso! Sólo nos introducimos para coger algunas cosas que deje olvidadas aquí!" entonó Shun con su más dulce voz.

"Saori, nena... te dije que te encargaras de tus mascotas, ¿verdad? No es que no me gusten, son graciosos, pero sabes que les tengo alergia." Julián Solo entró en la casa, jugueteando con las llaves del coche.

Ikki sintió la irrefrenable necesidad de comentar las últimas palabras de Julián, pero cuando se encontró mirando los ojos del dios, luchó contra ella.

"¡Sabía que estaban planeando algún crimen, señorida Kido! ¡Siempre dije que no podíais fiaros de ninguno de estos piojosos," la voz de Tatsumi resonó, aunque el cuerpo estaba oculto por la pirámide de paquetes que metía dentro. "Nos vamos un momento de compras, ¡y aquí aparecen!"

Julián miró a su alrededor disgustado.

"Bueno, no voy a quedarme en esta pocilga, cariño. Decide que deseas más, conservarles o estar conmigo." Se volvió para marcharse.

"¡No, Julián, por favor espera!" Saori le agarró del brazo y dirigió a los tres Santos su mirada especial (si sus ojos hubieran sido metralletas.. bien, cualquiera que haya jugado al Doom al menos una vez sabrá).

"Mi paciencia tiene un límite, ya sabéis" empezó Saori con voz alta y amenazante. " Me hicisteis un par de pequeños servicios, debo admitirlo. Y esa es la única razón, por la que no estoy haciendo lo que me gustaría hacer con vosotros. Es más, voy a ser generosa, soy una diosa, después de todo, y daros un poco de tiempo para encontrar un lugar donde vivir, y para limpiar el desorden que habéis causado aquí. Pero si os encuentro de nuevo cuando vuelva... " La cegadora mirada era suficientemente elocuente. "Julián, ¿cariño? ¿Recuerdas que me prometiste un paseo en tu yate, solos tú y yo?" se dirigió a Poseidón en un tono totalmente diferente. "Siento que es el momento para eso... Tatsumi, ¿dónde estás? ¡Ven aquí, ahora! ¡Nos vamos!"

La puerta dio un portazo.

"Bien..." dijo Ikki, cuando el sonido del motor del coche se desvaneció en la distancia, "No ha sido tan malo como podría".

"Todavía," añadió sombríamente Hyoga.

"¡Pero tenemos algo de tiempo, ella lo ha dicho, chicos! ¡Para encontrar un hogar!" gorjeó Shun en un entusiasta tono de voz. "Y para limpiar todo este...." paró bajo las pesadas miradas de los otros dos Santos.

"Limpiar, exacto," dijo Hyoga, cruzando las manos sobre el pecho. "Así que vete a por el caldero y la fregona y empieza a trabajar inmediatamente. Mientras, Ikki y yo empezaremos por limpiarnos nosotros mismos. La piscina de Saori es lo suficientemente grande para eso, si no recuerdo mal, y ya que veo que estás tan entusiasmado por dejarlo todo ordenado, podrás ir y limpiar luego allí, también, cuando acabemos."

"¡Pero niisan!" Shun se volvió a su hermano, pero esa fue una mala ocasión para buscar su protección "¿No has oído, Shun? ¡¡¡AHORA!!!"

Por pactado y silencioso acuerdo entre Ikki y Hyoga, el optimismo rebosante de alegría, en algunas ocasiones, debía ser castigado.


Fin del Capítulo 3.

Capítulo 4


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