El capítulo de Zeus

© 2001 por Torquemada

Traducción al español por Verena y Natharell


"Timos del Siglo XX"

está orgulloso de presentar:

"Hades no es suficiente" o "Seiya nunca muere"

(El guión del Capítulo de Zeus, perfecto para que los animadores de Toei lo eviten de cualquier forma).

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Capítulo 5

¡Autopista hacia el Infierno! El Infierno suspira de alivio.


 De: Zeus@olimpo.org.gr
 Para: Hades@infierno.org.gr
 Asunto: ¿Favor?...
 Adjunto: happy-valentine.scr


 Querido hermano,
 
 He oído que has vuelto a casa.  Espero que no
 te haya pasado nada. 
 
 De todas formas, agarra una botella o dos de
 ambrosía y déjate caer por aquí
 unos días, ¿lo harás?  Creo que tienes
 mucho que contar. 
 
 Y ahora, ¿podrías hacerme un favor, por favor? 
 Necesito de verdad encontrar a los llamados Dorados o
 lo que sea Caballeros de mi Atenea, están
 perdidos en tu reino.  No es que me preocupe por
 *ellos*, pero Afrodita se encuentra entre ellos y estoy
 preocupado por ella.  Así que, si te mando a
 Hermes, ¿le ayudarás a buscar? 
 
 Gracias por anticipado,
 Zeus
 


 De: Hades@infieron.org.gr
 Para: Zeus@olimpo.org.gr
 Asunto: RE: ¿Favor?...


 Hola,

  > estoy preocupado por ella. Así que, si te mando a 
  > Hermes, le ayudarás

 Claro, mándale aquí abajo.  Solo
 asegúrate que Hermes tenga algo de *solo una*
 (!!!) persona para que Cerbero huela.  A veces sufre de
 problemas de identidad con sus cabezas, y es mejor
 estar seguro. 

  > en tu reino. No es que me preocupe por
  > *ellos*, pero Afrodita se encuentra entre ellos

 Francamente no entiendo por qué preocuparse.  ¿Afrodita y un
 montón de tipos?  ¡Entonces eso debe ser el Olimpo para
 ella! 

 Por cierto, ¿podrías prestarme algo de dinero?  Parece que
 mi renovación no va a ser barata.  Caronte hace lo que puede
 recogiendo monedas, pero me temo que no va a ser suficiente. 
 Prometo que te lo devolveré en cuanto me recupere de nuevo. 

 Hades

 P.D.: Revisa tu programa antivirus. Me mandaste 'Hybris'.
 


"Shaka, ¿como te las arreglas para dormir todo el tiempo, incluso aquí, donde nunca anochece?" Afrodita se giró de lado a lado, ajustando y reajustando su capa de manera que semejase lo más posible la forma de una almohada. Dado que no se había quitado la armadura, los 'clongs' y 'bangs' lograban que el resto de los Caballeros de Oro pudiesen dormir.

"Yo no duermo. Yo medito," respondió Shaka, perezosamente.

"Hablas sobre meditación todo el tiempo, pero nunca te ocupas de explicar lo que realmente quieres decir, por cierto."

"Buena idea. Shaka, comienza con la lección, ¿quieres? Quizás esto, combinado con tu voz, nos librará de nuestros problemas de insomnio" dijo Máscara de Muerte. Yacía cerca de Milo y había puesto su tiara exactamente en la posición donde estarían las piernas de Milo, si este se decidía a volverse hacia Máscara de Muerte.

"Bueno, es complicado de explicar de manera que hasta tú lo entiendas, pero lo intentaré. Bien, la meditación es, cuando uno olvida todos sus sentidos, y permanece así, la mente está totalmente vacía, el cerebro está vacío y despejado..."

"Suena como cualquier día de tu vida, Milo," murmuró Máscara de Muerte.

"Oh, de verdad..." respondió Milo con aburrimiento, pero para el gran descontento de Máscara de Muerte, no se giró. Los Caballeros de Oro aparentemente se habían metido los unos con los otros hasta ponerse de los nervios. Máscara de Muerte se prometió trabajar más duro en sus habilidades.

Se hizo el silencio, que acabó en nueve segundos.

"Afrodita, por favor, deja de hacer sonar esa armadura tuya." La suave voz de Mu acabó con él. Mu ocupaba la posición justo debajo del Shaka flotante, para coger un poco de la oscuridad de su sombra, y tenía el casco cubriendo sus ojos. "Aquí hay gente que intenta dormir, si no te importa."

"¡No he sido yo, Mu!" Aprodita sonaba ofendido. "¿Por qué todo el mundo me echa la culpa a mi de todo?"

"¿Y entonces quién?"

"¿Cómo quieres que lo sepa? Viene de la distancia."

"Ya veo... ¡¿qué?!"

Los Caballeros de Oro, como si fueran uno, levantaron sus cabezas.

"¡Ouch! ¡Mu!"

"Lo siento, Shaka."

Hasta ese momento, el único sonido que había llegado hasta los Caballeros de Oro era el ruido que ellos mismos producían, y el cambio en las circunstancias avivaba nuevas esperanzas de encontrar una salida. Los Caballeros se levantaron y caminaron en la dirección del sonido, silenciosa y cautelosamente -- la imagen de tres Caballeros sin casco aún les recordaba que podían encontrar peligros inesperados.

Cuidadosamente, echaron un vistazo tras la esquina (las esquinas existen en todos sitios, incluso en los sitios más oscuros. Es solo que algunas veces pueden hacerse invisibles cuando no son necesitadas --uno de los Principios Generales del Universo).

La imagen era intrigante.

Varios cuerpos yacían en el suelo. Sus posiciones y las expresiones faciales indicaban que eran cadáveres. Sin embargo, tres figuras continuaban en pie y luchando locamente entre ellas. Justo detrás de ellos, había una mesa rellena con una gran variedad de cosas. Huesos masticados y líquido derramado era lo que más dominaba.

Detrás de aquella pintoresca mesa, había sentado un gran hombre de pegajosa y sucia barba, con un casco con cuernos en la cabeza, una calavera humana en su mano y una ancha, estúpida sonrisa en el rostro. De cuando en cuando, sorbía algo de la calavera -- y con cada sorbo su sonrisa se hacía más ancha y estúpida, y la barba más pegajosa y sucia. En las pausas entre sus sorbos, observaba la lucha con interés.

En ese momento, dos de los luchadores parecían haber firmado una alianza temporal y presionaban al tercer luchador con tanta fiereza que el pobre se vio forzado a retroceder hasta que su espalda se encontró con la mesa.

"¡Ey, eso no es justo!" murmuró Afrodita, acalorado. El arrinconado luchador era un chico guapo y delicado, y --de acuerdo con el código de ley de Afrodita -- aquel espécimen no debía ser desperdiciado tan estúpidamente. "¡Debemos ayudar a ese pobre chico!"

Shura, cuyo labio aún le dolía después del encuentro con los crueles bárbaros de la dimensión vecina, tiró silenciosamente de la espalda de Afrodita y le cubrió la boca con una mano para que se callase.

Mientras tanto, el chico, arrinconado contra la mesa, golpeó sobre ella febrilmente con una mano que luego sacudió con absoluto disgusto cuando tocó uno de los charco del líquido derramado, mientras mantenía la vista sobre sus oponentes, al mismo tiempo. Aquellos dos rodearon al guerrero arrinconado, lenta y amenazadoramente, aparentemente seguros de su victoria.

Uno de los grandes errores de los chicos malos es que no pueden resistir detenerse y regocijarse delante de un enemigo que ya consideran vencido. Es de lo más estúpido comportarse así, ya que el enemigo siempre suele ser bastante inventivo. En aquel caso en particular, todo lo que el enemigo tenía -- por alguna razón -- era una lira, y todo lo que pudo alcanzar fueron los huesos de la mesa. Y los huesos son duros, mientras que las liras tienen cuerdas.

"Buen disparo," aprobó Aiolos, con el respeto de un especialista ante otro, cuando el hueso golpeó a uno de los atacantes justo entre los ojos. Su aliado provisional aprovechó la situación inmediatamente, noqueando al pobre chico ciego; y ahora el arquero de la lira y él estaban encarados.

El atacante sonrió victoriosamente mientras la cara del arquero irradiaba un honesto 'Oh, mierda...', que describía la situación con precisión, dado que el atacante era cuatro veces más grande e intentar golpearle a él era más o menos una odisea.

"¡Mmm-mmm-mmmm-m!" Afrodita trató de retorcerse para liberarse cuando el grandullón levantó al arquero por el cabello, acercándosele, y le retorció las manos sobre la cabeza, lo que dejó al arquero desarmado.

Bueno, no exactamente. Los dientes del arquero de la lira se encontraban ahora al nivel de la entrepierna del atacante.

Cuando el atacante grandullón se dio cuenta de la fatalidad de su error, ya era demasiado tarde. Y finalmente, el chico de la lira se levantó triunfante y victorioso en el campo de batalla, solo. Después se giró hacia el tío barbudo de detrás de la mesa, y se inclinó.

El barbudo aplaudió, como el trueno.

"Muy bien, ¡esta vez el ganador es Mime! Y ahora, todo el mundo arriba, ¡rápido! ¡Rápido, dije! La bebida se ha acabado, la comida se ha acabado, las valkyrias están a saber dónde, ¡y vosotros ahí tirados como una panda de cocodrilos!"

Los cadáveres, uno a uno, se levantaron ante los atónitos Caballeros dorados. Pero los cadáveres, sin embargo, no parecían atónitos para nada.

"Bueno, esa fue una buena forma de diversión," dijo Máscara de Muerte con admiración. "Incluso mejor que aquel tipo loco que trató de tomarla con nosotros con una sierra mecánica y al que tú, Shura, calmaste."

"¿Ese que gritaba algo sobre que el no había salvado la apestosa situación antes de morir? Si, lo hice. Aún me pregunto que quería decir diciendo eso," dijo Shura.

"¡El primer cadáver lava los platos!" gritó el chico al que había golpeado el hueso. Con un profundo suspiro, uno de los cadáveres recogió las calaveras de la mesa y con toda aquella tambaleante pila se dirigió directamente hacia los Caballeros Dorados.

Quizás la razón fuera la inestable torre de calaveras, o quizás su cabello, que cubría un ojo del chico completamente, pero tropezó directamente delante de los Caballeros de Oro. Las calaveras rodaron alrededor suyo, con un feliz soniquete.

"Maldita sea," murmuró el chico y comenzó a recoger las cosas, sin prestar atención a los Dorados. Considerando su ocupación previa, no era extraño en absoluto. Deberían hacerse más esfuerzos para impresionar a aquel bicho raro.

Afrodita examinó al portador de las calaveras y obviamente le encontró interesante, porque con un 'Oh, pobre diablo... ¡déjame ayudarte!' se inclinó hacia las calaveras desparramadas.

Una de las calaveras rodó y golpeó contra a bota de Aiolia. Este cogió la cosa y la miró, frunciendo el ceño.

"Me pregunto... Ellos beben de estas cosas, ¿verdad? ¿Entonces cómo se las arreglan para hacerlo? Según veo el líquido debería escaparse a través de las cuencas."

"¡Eh, despierta, grandullón!" la calavera movió las mandíbulas. "Esto es el Inframundo, no tu realidad, ¿recuerdas? ¡Aquí todo es posible!"

Aiolia se quedó mirando a la calavera impresionado. La calavera le sonrió en correspondencia (no tenía muchas más opciones. Ser una calavera significa que tu repertorio de expresiones faciales está bastante limitado).

"Pues tienes razón," Aiolia finalmente se encogió de hombros. "Esto es todavía el condenado Infierno. ¿Por qué no hablar con calaveras y cadáveres que lavan platos?"

"¡Perdona!" el lavaplatos arrebató la calavera de los dedos de Aiolia y le miró con un único ojo verde inyectado en sangre. Aiolia sintió pesadez de estómago y agradeció silenciosamente a los dioses que el otro ojo estuviera cubierto. "Creo que alguien os ha indicado mal las direcciones. Esto es el cielo. El infierno está cinco pisos más abajo, desde el ascensor, primer giro a la izquierda. Y ahora, disculpadme, tengo trabajo que hacer."

Aiolia miró como atontado la espalda del chico que se alejaba. La primera calavera de la pila le miraba a él.

"Así que esto es una especie de cielo," dijo Saga, tras una pausa. "¿Alguien quiere explorar como es su Infierno? ¿No? Pues entonces salgamos de aquí, inmediatamente. A la derecha."

Esta vez no hubo discusiones.

"Como dije, ya nos hemos enfrentado a la dimensión de los tipos locos, el paraiso de los locos y al tipo loco de la sierra mecánica." Máscara de Muerte pensaba en voz alta en su viaje a ningún sitio. "Lo que quiera que pase ahora, no me sorprenderá en absoluto."

Casi inmediatamente se probó que estaba equivocado cuando un enorme, horrendo monstruo con tres cabezas, tres bocas con grandes y afilados dientes y seis pequeños, alocados ojos ambarinos apareció de la nada y, con un gruñido, saltó sobre Afrodita.

No era que el monstruo hubiese cogido a Máscara de Muerte desprevenido: como visitante asiduo del Infierno, conocía a la gran mayoría de ellos, y este podría colocarle en la decimocuarta posición (justo detrás de Shiryu) en el "Top 20 de Máscara de Muerte sobre Monstruos Increíblemente Horribles".

El comportamiento del monstruo -- que movía la cola locamente, saltando alrededor de Afrodita, lloriqueando, jadeando, a veces rodando sobre su espalda y moviendo sus cuatro patas en el aire, intentando constantemente lamer a Afrodita con todas sus tres grandes, rojas y pegajosas lenguas (todo el tiempo babeando, babeando, babeando) --, solo contaba para Máscara de Muerte como 'curioso'.

Lo que realmente había dejado atónito a Máscara de Muerte era el comportamiento de Afrodita.

"Oh, Cerbero, ¡chico malo!" Afrodita puso la cara y la voz de una niña de 5 años que acabase de encontrar un cachorro de San Bernardo, y acarició el pelaje erizado del monstruo, ignorando tanto las babeantes lenguas como los dientes de cinco pulgadas. "¿Como me has encontrado, precioso? Oh, buen chico... ¡yo también te eché de menos! Que pena que no tenga un huesito para mi pequeño cachorro... ¿Debería volver al paraíso de los hombre locos y traer un hueso para mi dulce cachorrito?"

"No, no deberías," Saga se recuperó tras el shock inicial. "Pero lo que si deberías es explicarnos qué es esa cosa, qué está haciendo aquí, y cómo un Caballero de Oro de Atenea resulta ser amigo de esa... esa..."

"Oh, vamos, Saga, este es Cerbero, solo parece peligroso. Realmente es un cachorrito tranquilo y tímido, ¡de verdad! ¡Y es nuestra salida de aquí, chicos!" Afrodita luchó por ponerse en pie en medio de una masa de patas excitadas y babeantes lenguas. "¡Quita de ahí, pedazo de bobo!"

"Oh, ¿y cómo sucederá eso? ¿A través de su aparato digestivo?" preguntó Máscara de Muerte, de forma desagradable.

"¡En tu caso esa sería la manera perfecta! Pero desafortunadamente se te necesitará cuando Cerbero -- ¿quieneselbuenchico? -- nos lleve hasta el verdadero Infierno. Y allí tu, Máscara de Muerte, nos serás de alguna utilidad, después de todo."

"Que gran honor para mi... ¿y qué pasa si yo no...?"

"¡Guau!"

"¡Vale, vale! ¿No tienes sentido del humor?"


Fin del Capítulo 5.

Capítulo 6


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